viernes, mayo 06, 2011

LA PÉRDIDA

Por: Eva Varona
7 mayo 2011

Un gran filósofo Japonés escribió un poema sobre La Pérdida; escribió tres palabras, luego las borró.
No puedes describir la pérdida, decía, sólo sentirla.
Tal vez por ello miles de mexicano que no han experimentado lo qué es realmente la pérdida, sienten gran desconcierto por aquellos que ahora que están en una caminata desde ayer, o aquellos que beatificanron al Papa viajero, o aquellos que escarban los escombros de carbón en la mina, o los que cruzan una frontera desconocidas, o a los que apilados por decenas sacaron de las entrañas de la tierra… cargan en sus hombros el enorme peso que la pérdida trae consigo.
Una especie de sentimientos encontrados.
La peor pérdida es aquella que llega con el arrebato, viene y despoja dejando el amargo sabor de la injusticia; pocos lo resuelven con la venganza, ya que con ésta última, simplemente viene más y más pérdida, el que por espada mata, por ella muere.
México caminantes errantes…
La pérdida irreparable es aquella que se va con la fe; es aquella que se depositó inmaculada sin costo alguno y fue traicionada, fue arrebatada por la falsedad prefiriendo al poderoso.
Nunca he visto otro pueblo más entregado a su fe que mi México, lo malo es que su fe se la concedió en charola de plata a una religión, y esa religión es dirigida por el hombre, que al paso de los años y como todo mortal, también se debilita ante la carne.
¿Cómo podemos ocultar el desconcierto en el que vivimos?
Si veo a los jóvenes de este país, entregados mecánicamente a la absurda fantasía que le pinta el canal de las estrellas y sus aspiraciones no van más allá que de salir en la caja idiota volviéndose una zorra o unos peles, cuya única preocupación es subir y bajar de peso.
¿Un poco de paciencia?
Cómo podemos pedir más paciencia a aquellos que llevan la pérdida a otro nivel, cuando desayunan, comen y cenan injusticia.
Sus lágrimas han sido secadas en el asfalto donde yacen inertes los cuerpos perforados por los que pelean el poder, cómo tener paciencia cuando México sostiene las adolecentes manos muertas de miles de jóvenes que irse, también se esfuma nuestro futuro.
¿Qué pasará cuando la angustia llegue a todos los hogares, que ni 100 mexicanos “dijieron” ni la señorita Laura pueda ayudarnos?
La clave para superar la pérdida es permitirnos sentir todo, dejar que entre a nuestros cuerpos y se manifieste como se pueda, después habremos de levantarnos, y de esa amarga experiencia adquirir cierto súper poder, que nos permite ser más valientes ante la adversidad.
Tal vez por ello, aquellos que vemos ahora levantados en las armas de la valentía, caminando grandes distancias para exigir el cambio, para el “no más sangre”, son los verdaderos súper héroes de México; los verdaderos beatos.
Y a ellos le debemos toda nuestra fe.

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