lunes, agosto 18, 2014

EL LEGADO


Por : Eva Varona.

En el 2009 escribí una columna que se titula: “Las mujeres que cambiaron mi vida” en ella comparto con ustedes algunas enseñanzas de las tres mujeres más importantes que formaron a ésta mujer que les escribe ahora; la escritora, la lectora, la artista, la ama de casa, la mujer de carácter, la de retos, la de tolerancia, la graciosa, la berrinchuda, la enamorada, la explosiva, la tierna, la loca, la cuerda, la varonita…es parte del legado de estas mujeres.

Hoy 5 años después estas tres mujeres ya han fallecido.

La última de estas guerreras que seguía a nuestro lado, mi abuelita Eva falleció este martes 12 de agosto.


Ahora sentada escribiendo estas palabras que de alguna manera harán un pequeño homenaje de ella;  me alegro de haber escrito aquella columna en 2009, pues al siguiente año mi abuelita Bertha habría fallecido y ahora 4 años más tarde Doña Eva también .
Mi madre fue la primera, tenía 12 años y mucho que aprender de la vida.

Los que fuimos criados, educados por l@s abuelit@s tendemos a ver la vida de otra manera; al morir mi madre mis abuelitas ayudaron en nuestra crianza, pues al igual que yo, tres hermanos más chicos y uno mayor, quedaron a la deriva de un momento muy difícil en nuestra vidas.

De mi abuelita Eva aprendí muchas cosas, “que toda mujer debe aprender para disponer de un buen hogar” decía; tenía 12 años y no entendía que el simple hecho de saber cocinar, lavar y planchar, no formaban parte de una novela barata, sino que en estas tareas cotidianas se encuentra una valiosa disciplina en nuestras vidas que tarde o temprano hacen falta.

Mujer de carácter, fuerte temperamento pero de humildad extensa, fuerte coraza por fuera por dentro pero muy dentro… una chillona (como lo soy yo).
La primera vez que nos contó su historia de vida, no comprendía lo difícil que pudo ser para ella esos momentos; “me robaron a los 13 años , después tuve a tu papá y años más tarde mataron a David (mi abuelo)”.
Expectantes mi hermana y yo de aquella historia bizarra pero real, le preguntábamos asustadas ¿Y por qué lo mataron abuelita?...
Nosotras esperábamos que soltara en llanto cual drama telenovelero… pero no.
Solo ladeaba la cabeza y con esa mueca que siempre recuerdo porque usaba para demostrar un “así es la vida” nos contestaba:
“Por cusco”
y después miraba a lo lejos… esa mirada que solo te dan los años y la resignación.
Siempre hemos sido una familia pequeña, tanto mi padre como mi madre fueron hijos únicos; mi abuelita Eva nació en Zaragoza Puebla.

“Mi padre fue maquinista” nos decía , “Así que siempre llegaba con los pantalones ¡bien chorreados¡” nos contaba cuando aprendimos a lavar… a mano claro, el tip es dejar al sol un rato la ropa con jabón para que afloje la mugre y golpear los pantalones sobre el lavadero y tallar.. tallar y tallar.

Aún recuerdo las ampollas que me dejaron esas enseñanzas, claro, para ella no había un cómodo lavadero y agua que cae al abrir la llave; en las montañas de la sierra donde nació,  el agua cortaba del frío porque bajaba de la montaña y su lavadero era la mejor piedra que pudo encontrar; para mi eran las 8 de la mañana, para ella las 5 si bien le va.

Tuvo muchas hermanas y ningún hermano; puedo imaginar el estigma tan grande que pesaba sobre ellas siendo mujeres y en aquellos años “solo servían para atender al marido y tener hijos”

“Estudien mucho” nos decía “porque esa es la única herencia que les dará la vida”
y así fue y así será siempre; mi abuelita sabía que la importancia de saber leer y escribir marcaba un parámetro importante en la vida, pero no todo, la voluntad de  salir adelante por la necesidad obligó a mi abuelita muy jovencita y con un hijo y sin saber leer y escribir,  abrirse camino trabajando en varios sindicatos en los hoteles de Xalapa, de camarera, trasteadora, cocinera…

¿Y cómo le hacías sino sabías leer ni escribir? Preguntábamos de chiquillas.

“Pues le preguntaba al mesero o a la cocinera que me dijeran que era lo que pedían… pero a veces no me decían eran bien cabronas”

La comida… algo que ella sabía hacer muy bien y que claro, debía formar parte de nuestras enseñanzas.
Aún recuerdo que quemé algunos frijoles… pero nada de olla expres, en olla de barro para que salgan buenos; agua, una cucharada de manteca, cebolla , sal y si se gusta epazote; se debe poner un litro de agua a lado de la olla de frijoles porque se le tiene que ir poniendo cuando rompan el hervor.
Mi abuelita adoraba sus ollas de barro y sus jarritos también; recuerdo también que me enseño a hacer café de olla; tenía un jarrito de litro ¡que adoraba! en la que cada mañana hacía su café porque… todo podía pasar pero doña Eva siempre debía comenzar el día tomando su café con una pieza de pan.
Cierto día sin querer y dentro de mi ignorancia, quise lavar la olla que estaba caliente, muy caliente, claro que al contacto con el agua fría se agrietó y goteaba.

Cuando vio que estaba agrietada yo iba de escondidas para que no se diera cuenta que había sido yo la culpable, de pronto de reojo me alcanzó a ver y pumm! El jarrito salió volando unos 5 metros hacia mi y me lo rompió en los pies.
“¡Ya no sirve!” me gritó.

Mujer temperamental.
Claro que años más tardes ya grandes mi hermana y yo recordamos aquella anécdota con mucha risa.

Y así aprendimos también el fino arte de bordar servilletas para guardar las tortillas calientitas; las tortillas… esas fueron nuestra prueba de fuego, pues al ser superada siempre decía “ahora si ya te puedes casar” .

Y aunque ustedes no lo crean mi hermana y yo superamos aquella prueba que  siempre la hemos considerado un gran logro culinario.
Salsa de molcajete con tomates combinados, siempre cilantro sino no sabe, asados al comal  y moliendo el ajo primero.
Una humeante sopa de fideo con menudencias de pollo.
La comida… exquisita tradición mexicana que siempre llevó en su cuna poblana y que nos heredó.

La devoción …
Mi abuelita tenía una devoción muy grande por sacar adelante a su hijo, no por ello lo hizo un inútil haciéndole todo, desde niño le enseñó a valerse por sí solo;  nos contaba de vez en cuando que tuvo una niña, pero que se le murió.
Así que siendo su hijo único, tuvo como objetivo de vida sacarlo adelante para hacer de él un hombre de bien.
El valor del trabajo duro también fue algo que le inculcó a mi padre desde niño; por eso tanto ella como él, siempre fueron personas activas y no pueden estar sin hacer nada…

Las devociones de mi abuelita también eran hacia dios, al que temía y que le rezaba.
“Tú abuelita tiene muchas fe en dios” me decía la muchacha que la cuidaba en ultimas fechas.
Y efectivamente dios pudo haber sido su único consuelo en muchos momentos de su vida; en las que se enfrentó sola con mi padre, en la que fue discriminada, en la que tuvo que cuidar a sus nietos cuando muy joven murió su nuera, en sus dolencias y padecimientos.

Recuerdo que cada navidad al acostar el niño dios, lo besaba con gran cariño y devoción; comprendí tal vez, solo un poco el amor de una madre.

El sentido del humor… vaya que mi abuelita tenía un sentido del humor muy especial, podía tener su carácter, pero cuando soltaba una carcajada ponía a todos a reír.
Hasta la lagrimita nos sacaba de la risa.
Estas anécdotas de su buen humor me las reservo… pues me harán mucha falta cuando la recuerde y quiera reír con ella como lo hacíamos antes.

La voluntad de mi abuelita siempre fue muy grande, se quejaba de sus padecimientos, pero cuando la revisaba un médico le decía que estaba bien.

Siempre fue una mujer con mucha vitalidad, pero a veces la voluntad y el físico no se ponen de acuerdo; fue muy difícil verla envejecer más y más.
Los últimos años y víctima de una artritis severa en sus rodillas, usaba silla de ruedas.
Y aún en esa silla siempre quiso ser útil y no una “carga” como ella decía.

Cuando era niña no me gustaba que me llamaran Eva; lo sentía muy de señora, años más tarde y viendo a mi viejita acabada por el tiempo, por los tantos sacrificios, lo que tuvo que dejar para ayudar a nuestra crianza, sentada con la mirada fija al horizonte todavía con algo de temperamento, me siento enormemente orgullosa de llamarme como ella.

El diagnóstico era inminente; el corazón de mi abuelita había crecido demasiado, mi abuelita había dado tanto en la vida, tanto amor por su hijo y sus nietos, tanto amor hacia las personas que convivieron con ella, había llenado su corazón de toda una vida…que su capacidad había llegado al extremo; el corazón creció a un limité que su sistema no soportó.
Su voluntad nos regaló todavía algunos días, en los que tuvimos la oportunidad de agradecerle todo lo que hizo por nosotros.
Al calor de su mano le di las gracias por una vida entregada, por sus enseñanzas, por los momentos malos y buenos, por las anécdotas, por las historias, por las lecciones de humildad y voluntad, tú no fuiste mi abuelita, fuiste mi madre…Gracias abuelita por dejarme ser EVA.

Y así han partido las tres grandes mujeres que han sido parte fundamental de mi formación.
Me miro al espejo y veo todo de ellas con orgullo; miro a mi hermana y le digo que no debemos olvidar que ella y yo somos y seremos siempre…el legado de tres grandes mujeres.

PD: Quiero agradecer las muestras de cariño que han tenido para mi y mi familia en estos momentos. Gracias totales

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